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LA GALLINITA ROJA
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Érase una vez una gallinita roja que encontró un grano de trigo. —¿Quién plantará este grano? —preguntó. —Yo no —dijo el perro. —Yo no —dijo el gato. —Yo no —dijo el cerdo. —Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo! Y plantó el grano de trigo y este creció muy alto. —¿Quién cortará este trigo? —preguntó la gallinita roja. —Yo no —dijo el perro. —Yo no —dijo el gato. —Yo no —dijo el cerdo. —Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo! Y cortó el trigo. —¿Quién llevará el trigo al molino para hacer la harina? —preguntó la gallinita roja. —Yo no —dijo el perro. —Yo no —dijo el gato. —Yo no —dijo el cerdo. —Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo! Llevó el trigo al molino y más tarde regresó con la harina. —¿Quién amasará esta harina? —preguntó la gallinita roja. —Yo no —dijo el perro. —Yo no —dijo el gato. —Yo no —dijo el cerdo. —Entonces lo haré yo —dijo la gallinita roja—. ¡Clo, clo! La gallinita amasó la harina y luego horneó el pan. —¿Q...
LA RATITA PRESUMIDA
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Érase una vez una linda ratita llamada Florinda que vivía en la ciudad. Como era muy hacendosa y trabajadora, su casa siempre estaba limpia y ordenada. Cada mañana la decoraba con flores frescas que desprendían un delicioso perfume y siempre reservaba una margarita para su pelo, pues era una ratita muy coqueta. Un día estaba barriendo la entrada y se encontró una reluciente moneda de oro. – ¡Oh, qué suerte la mía! – exclamó la ratita. Como era muy presumida y le gustaba ir siempre a la moda, se puso a pensar en qué bonito complemento podría invertir ese dinero. – Uhmmm… ¡Ya sé qué haré! Iré a la tienda de la esquina y compraré un precioso lazo para mi larga colita. Metió la moneda de oro en su bolso de tela, se puso los zapatos de tacón y se fue derechita a la mercería. Eligió una cinta roja de seda que realzaba su bonita figura y su estilizada cola. – ¡Estoy guapísima! – dijo mirándose al espejo – Me sienta realmente bien. Regresó a su casita y se sentó en el jardín que d...
EL GATO CON BOTAS
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Érase una vez un molinero muy pobre que dejó a sus tres hijos por herencia un molino, un asno y un gato. En el reparto, el molino fue para el hijo mayor, el asno para el segundo y el gato para el más joven. Éste último se lamentó de su suerte en cuanto supo cuál era su parte. —¿Qué será de mí? Mis hermanos trabajarán juntos y harán fortuna, pero yo sólo tengo un gato. El gato escuchó las palabras de su joven amo y decidido a ayudarlo, dijo: —No se preocupe mi señor, yo puedo ser más útil y valioso de lo que piensa. Le pido que por favor me regale un saco y un par de botas para andar entre los matorrales. Aunque el joven amo no creyó en las palabras del gato, le dio lo que pedía pues sabía que él era un animal muy astuto. Poniendo su plan en marcha, el gato reunió algunas zanahorias y se fue al bosque a cazar conejos. Con el saco lleno de conejos y sus botas nuevas, se dirigió hacia el palacio real y consiguió ser recibido por el rey. —Su majestad, soy el gato con botas, leal serv...
RAPUNZEL
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Había una vez una pareja que por mucho tiempo deseaba tener un bebé, hasta que por fin ese deseo se hizo realidad. A través de la ventana trasera de la pequeña casa donde vivían, podían ver un espléndido jardín que estaba lleno de las más bellas plantas y las más suculentas frutas y vegetales. El jardín estaba rodeado por un alto muro, y nadie se atrevía a entrar a él, porque pertenecía a una bruja muy malvada. Un día, la mujer se asomó a la ventana y vio en el jardín un huerto de espinacas frescas y verdes. Tanto era su anhelo de probarlas que se enfermó gravemente. El hombre, muy preocupado por la salud de su esposa, decidió tomar el riesgo de entrar al jardín de la bruja. De manera que, en la noche trepó el alto muro que separaba el jardín, rápidamente desenterró un puñado de espinacas y se lo llevó a su mujer. Ella inmediatamente preparó una ensalada, la cual se deleitó en comer. Las espinacas eran tan deliciosas, que al día siguiente su deseo se hizo aún más grande. Nuevamente, el...